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La Ruta
El Everest es nuestra montaña más alta. Es lo suficientemente complicada
como para haber matado muchos escaladores, que han sufrido caídas
horribles o sido tragados por profundas grietas. Su altitud y su
dificultad técnica no son como para subestimarlas.
La llamada ‘zona de la muerte’ ubicada sobre el campo IV, se ha llevado
la vida de muchos escaladores fuertes y expertos. Esto implica que el
Everest requiere un entrenamiento intensivo. Puede que haya suerte y que
la escalada vaya bien incluso aunque no hayas hecho tus deberes en ese
sentido. Pero sin duda comprobarás que el Everest se ha ganado a pulso
su temible reputación, si las condiciones se ponen en tu contra. En ese
caso, sencillamente, puede que sea demasiado tarde para ti, si no has
ido bien preparado.
El Everest es también una montaña extremadamente bella. Y del mismo modo
que seguimos despegando a bordo de cohetes hacia el espacio, incluso
aunque algunas misiones terminen en tragedia, los montañeros siempre
intentarán escalar el Everest para experimentar la majestad, la belleza
y la aventura de alcanzar nuestra frontera más cercana con el universo.
Campo Base: 5400 metros
El Campo Base es como los boxes de un fórmula 1. Los teléfonos por
satélite zumban en tiendas internacionales, mientras los diferentes
lenguajes del mundo se mezclan en emocionadas crónicas de los últimos
acontecimientos. Periodistas, familiares y escaladores intercambian
noticias y emociones entre la montaña y el resto del mundo. Y es que
ningún otro pico desborda la imaginación como lo hace el monte Everest.
Allí, manejas material de última tecnología, pero lavas tu ropa en lagos
congelados, donde tienes que romper el hielo y trabajar deprisa antes de
que el agua se hiele de nuevo. Al secarse, las ropas mojadas se
congelan, creando extrañas formaciones de hielo por la noche. Lo mismo
ocurre con tu pelo húmedo. Y con tu pasta de dientes. Debes terminar tu
comida rápidamente porque se enfría de inmediato en tu plato. Comes
carne de búfalo. Estará en buen estado hasta que empiece a oler.
Entonces se espera hasta que, tras unas pocas semanas, el olor se
desvanece. En ese punto tu cocinero sherpa del Campo Base pasará a
incluirlo de nuevo en tu dieta, en forma de 'picadillo de búfalo'
especial de la casa.
Escuchas las frecuentes avalanchas que bajan del Nuptse, del Lho La y
del Pumori. Lanzas miradas silenciosas a la cascada de hielo y escuchas
como se rompen y caen los seracs con un terrible estruendo. El Campo
Base es un lugar de esperanza, de miedo, de frustración, de conflictos y
de amistades que duran toda la vida. Algunos escaladores verán cómo sus
sueños se hacen realidad; otros deberán regresar a casa sin poder
terminar la tarea. Tú mirarás a tu alrededor y tratarás imaginar en cual
de los dos grupos te encontrarás en unas semanas, pero sólo el destino
sabe qué es lo que te espera.
La cascada de hielo
Este lugar es algo así como una enorme cámara de los horrores de las que
hay en los parques de atracciones. Sólo que ésta es real. Allí pueden
ocurrirte muchas cosas terribles. Puede abrirse una abierta bajo tus
pies. Puede caer un muro de hielo sobre ti. Puede que toda la zona en la
que te encuentras se desmorone. Así de simple: no es un lugar para ir de
picnic y la mayoría de nosotros se limita a concentrarse para salir de
ahí lo más deprisa posible.
Comprueba que en todo momento estás asegurado a las cuerdas fijas, pero
recuerda que debes soltarte de inmediato si se desencadena una
avalancha. Si ocurriera eso, ponte a cubierto detrás de un muro o de un
saliente de hielo. Como último recurso, salta a una grieta. Puede que la
avalancha sea pequeña, pero tendrás que esquivar enormes trozos de hielo
que vuelan hacia ti. Observa con cuidado los seracs, y si éstos se
inclinan en un ángulo sospechoso, y no se te ocurra parar a descansar
debajo de uno de ellos. Pueden ceder y derrumbarse en cuestión de un
segundo.
Comprueba las cuerdas y los tornillos antes de usar una escalera. Cruza
las escaleras despacio y con cuidado. Trata de ajustar las puntas de tu
crampón entre dos peldaños. A
veces, una avalancha cercana o una ra´faga
de viento fuerte puede poner en la escalera movimiento. En ese caso,
mantén la calma, concéntrate en cada paso y todo irá bien. Suele ayudar
apoyarse en las cuerdas, ya sea echado hacia delante o hacia atrás,
dependiendo del ángulo que forme la escalera. Las cuerdas hacen comba,
así que apoyarse en ellas hace que se tensen y así se puede mantener
mejor el equilibrio. Aún más fácil te resultará cruzar si tu compañero
de escalada se ocupa de estirar las cuerdas mientras tú pasas la
escalera.
En alguna ocasión encontrarás un muro de hielo de gran tamaño.
Normalmente esas paredes están equipadas con cuerdas, por lo que puedes
usar los puños yumar. Asciende por las cuerdas golpeando con tus
crampones en el hielo y apoyándote en las piernas. No te cuelgues de la
cuerda, es tan agotador como peligroso.
Debes ascender la cascada de hielo muy temprano por la mañana. Los
escaladores normalmente salen entre las cuatro y las cinco de la
madrugada. No dejes el Campo Base más tarde de las seis de la mañana. La
cascada de hielo empieza a derretirse a medida que transcurre el día y
entonces las avalanchas se suceden con mayor frecuencia. Además,
pasarías demasiado calor.
(Tiempo de ascensión: entre cinco y ocho horas sin aclimatación; entre
tres y cinco horas tras haber aclimatado)
Campo I: el Valle del Silencio. 6100 metros-6400 metros
El Valle del Silencio es una extensión plana y vastísima cubierta de
nieve, surcada por profundas grietas y rodeada de paredes montañosas a
menudo barridas por las avalanchas. Aquí montamos el Campo I. Por la
noche escuchamos los profundos crujidos que murmuran bajo nuestras
tiendas. Se trata de las grietas abriendo y cerrando sus fauces en lo
profundo del glaciar sobre el que nos encontramos. Mantienes tus dedos
cruzados para que no se mueva nada justo debajo de tu tienda. Por lo
menos, no mientras tú estés dentro. Te torturan intensos dolores de
cabeza. Pero también es aquí donde, apenas unos pocos pasos detrás de
una curva, nos encontramos con la primera gran vista del Everest.
Asegúrate de montar el campamento alejado de pequeñas grietas, ya que
éstas probablemente esconden las bocas de otras mucho mayores.
Asciende esta zona asegurado a las cuerdas fijas, ya que hay grietas
escondidas en todas partes bajo la nieve. En este tramo puedes quitarte
los crampones. En ocasiones el tiempo puede convertir esta parte,
normalmente fácil, en muy difícil debido a la nieve profunda y la falta
de visibilidad. Ponte marcha siempre con tiempo de sobra. Mantente
alejado de las paredes, por ellas se deslizan avalanchas bastante a
menudo. En temporada avanzada (finales de mayo) la nieve comienza a
pudrirse y atravesar este tramo puede convertirse en un trámite bastante
desagradable.
(Tiempo de ascensión: entre cuatro y siete horas sin aclimatación; entre
tres y cinco horas tras haber aclimatado)
Campo II: 6400 metros
Tras una lenta marcha a través de ese interminable valle silencioso, se
alcanza al fin un tramo rocoso, a los pies de la helada pared del
Lhotse. Aquí se monta el Campo II. Es un lugar absolutamente
impresionante. Procedentes de macizos menores del Himalaya, las nubes se
arrastran remontando el valle y penetrando en el campamento. Mientras
aclimatamos, aprovechamos el tiempo buscando material de escalada viejo
que ha sido abandonado allí a lo largo de toda la historia de las
expediciones al Everest. Esta es también la última oportunidad de tomar
comida decente y elaborada. Solemos comer todo lo que nos dan porque
pronto nos veremos sobreviviendo exclusivamente a base de liofilizados.
No conviene acampar demasiado cerca de la pared del Everest ya que
ocasionalmente pueden caer aludes. Aunque nos sintamos tentados de pasar
el tiempo sin movernos del campamento, conviene obligarse a dar paseos
hacia la pared del Lhotse. Acelerará nuestra aclimatación y aliviará los
problemas con la altitud. Esas caminatas te obligan a respirar más
profundamente y más deprisa y de ese modo saturan tu cuerpo con más
cantidad de oxígeno.
Campo III, pared del Lhotse: 6800 metros-8000 metros
Imagina que te deslizas por una divertida pendiente helada en un soleado
día de invierno. Sólo que ésta tiene 1200 metros de altura. Vamos, que
no es un lugar para jugar. Lo difícil es progresar colgando de una
cuerda de resistencia dudosa y cambiar los mosquetones de una cuerda
fija a otra. Puede que no tengas la cabeza muy clara a esta altitud,
sobre todo durante el descenso, pero es crucial que te mantengas
concentrado. Un desliz y adiós: digamos que… acabarías mucho más arriba
de lo que habías planeado.
Este campo es un verdadero nido de águilas, tallado directamente en la
pared. Ir al servicio por la noche supone una tediosa tarea, tanto para
vestirse como para asegurarse. Es más, tan sólo encontrar un lugar
adecuado para esa labor en la estrecha plataforma donde se fija la
tienda ya es bastante peliagudo. Pero, eso sí, las vistas son
impresionantes y a estas alturas ya estás bien encaminado hacia la
cumbre.
Desde las tiendas a la pared, el camino empieza siendo llano, perfecto
para calentar los músculos. Una vez en la pared te aseguras a las
cuerdas y la pala inclinada de hielo comienza inmediatamente. Acabo de
una hora aproximadamente, alcanzarás la llamada Panza de Hielo, que sin
duda hace honor a su nombre. Tras ésta viene un tramo inclinado en
hielo, sin otras características dignas de mención, hasta el Campo III.
Ocasionalmente, puede que oigas un estruendo y vea las rocas caer
catapultadas pared abajo. A veces hay bloques de hielo que caen tras los
escaladores. En ese caso ten cuidado con la cabeza y apoya bien el peso
en las piernas, no en la cuerda. No te acostumbres colgarte demasiado de
la cuerda fija.
Este tramo de la ascensión puede ser fácil o muy duro dependiendo del
tiempo. Si la temporada se presenta seca y fría se encontrará en ese
tramo hielo duro y azul. Mantel los
crampones bien afilados por si
acaso. La nieve profunda facilita la escalada, pero por otro lado
incrementa el riesgo de avalanchas.
Tras el Campo III se cruza la pared hacia las bandas amarillas y la
black turtle (la tortuga negra). Ambas son secciones rocosas de la
pared, aseguradas por un grueso racimo de cuerdas, nuevas y viejas.
Comprueba bien las cuerdas y ten cuidado ante la posible caída de
piedras que puedan tirar escaladores que se encuentran por encima de ti.
Otra travesía lleva seguidamente al pie del último muro antes el Campo
IV. Esta zona es muy inclinada, pero no demasiado larga: pronto podrás
asomar la nariz por encima del borde y, con ello, entrarás en la tierra
de los espíritus: la zona de la muerte.
(Tiempo de ascensión: entre cinco y ocho horas sin aclimatado; entre
cuatro y seis horas una vez aclimatado)
Campo IV, la zona de la muerte: 8000 metros
El campo IV se ubica en una meseta que parece un paisaje lunar. Te
encuentras al final de la atmósfera y el cielo posee un extraño color
azul oscuro. Es posiblemente lo más cerca que puedes encontrarte del
espacio sin abandonar La Tierra.
Ascendiendo un poco por encima del campamento podrás ver desde arriba el
plateau tibetano con sus enormes llanuras pardas, el blanco de los
glaciares y los otros gigantes alpinos -Kangchenjunga, Lhotse, Makalu-
en la distancia. Todo es mágico e irreal.
También es en ese lugar donde los periodistas, la fama y la diversión
del Campo Base definitivamente han quedado atrás. En las caras de cada
uno sólo permanece el miedo. En el Campo IV no se habla mucho.
Descansando en tu tienda, sintiéndote ya muy débil, tratas de dormir un
poco mientras afuera cae la noche. En un par de horas empezarás de nuevo
a colocarte el material para la parte final de la aventura: el ataque a
cima.
Las paredes que llevan hacia la cumbre se ven verticales y oscuras.
Estás en la zona de la muerte y no puedes dejar de pensar que las
próximas 48 horas existe un riesgo muy real de que pierdas la vida.
Comprueba todo el material que vas a necesitar mientras haya luz del
día. Debes tenerlo todo perfectamente organizado. Bebe al menos tres
litros de líquido, o incluso más si puedes. Lleva contigo dos litros más
de bebida caliente para la escalada. Ten a mano el piolet y prepara los
hot tronics. Puede que te sientas muy bien mientras brilla la luz del
día pero tu moral puede hundirse rápidamente en cuanto caiga la noche.
La oscuridad de fuera, fría y amenazadora, es cualquier cosa menos
atractiva. El viento agita la lona de las tiendas. Lo más probable es
que no puedas pegar ojo. Tómatelo con calma. Tan pronto como empieces a
progresar de nuevo te sentirás mucho mejor. El miedo siempre pinta las
cosas peor de lo que son en realidad.
La cima: 8850 metros
Al fin ha llegado la hora. Alrededor de las 11 de la noche nos colocamos
todo el material y salimos a la oscuridad. Allá, en la distancia, puede
verse un gusano de luz ascendiendo lentamente la pared oscura. Se trata
de las frontales de los escaladores que centellean en la noche. El
silencio es absoluto. Nadie habla. Si tienes que decir algo, susurras.
El ambiente es absolutamente aterrador, y tú te concentras en ascender,
esperando ver el primer rayo de luz del amanecer. La pendiente es muy
inclinada y a tramos helada. El piolet y los crampones apenas clavan en
el hielo. Sientas ganas de orinar. Ni hablar, lo olvidas. Alguien se da
la vuelta: " No puedo continuar, buena suerte".
Una luna blanca y fría se eleva detrás de tí, pero apenas te vuelves a
mirarla, ni siquiera te fijas en los destellos brillantes del universo
que te rodea. La adrenalina mantiene tu cuerpo en movimiento. Y
entonces, de pronto, tras horas y horas de desesperación, descubres un
delgado rayo de claridad azul en el horizonte. ¡La luz del sol! Si
tienes suerte, es en este momento cuando se puede ver la mítica montaña
fantasma. Ocurre cuando el pico proyecta su sombra en la niebla de la
mañana y ésta se yergue ante ti como un espejismo gigantesco. Más allá
yace el mundo en toda su gloria, brillando bajo el sol que se eleva. Tú
sientes su calidez y con ella retorna la esperanza.
Pateas con los pies para combatir el principio de congelación. Te
encuentras en el Balcón, descansando un poco y cambiando la botella de
oxígeno. Frente a ti hay una arista y justo encima de donde te
encuentras, muy cerca, ésta la cima Sur. Comienzas a disfrutar de las
vistas y de la posibilidad de éxito. Finalmente llegas al pequeño
plateau de la cima Sur y allí, justo a la vuelta de la esquina, ¡está la
cumbre del Everest!
Has visto la cumbre tantas veces desde la distancia que resulta extraño
verla de pronto tan cerca. Esta justo ahí, solamente a 95 metros de
distancia. Casi puedes tocar su blanca cola de nieve.
Hasta ahí es donde llegamos en nuestro intento de 1998 y por tanto ahí
terminaba el informe que escribimos en esta sección. Sin embargo,
regresamos allí en 1999 y gracias a ello hemos podido actualizar la
historia: ahora nos sentimos muy felices de poder guiarte el resto del
camino ¡hasta la misma cumbre!
Cuando alcances la cima Sur estarás a tan sólo un par de horas del
momento en que tu sueño se hará realidad.
Sin embargo, antes tendrás que superar otro obstáculo: Una arista final
afilada como un cuchillo. Te cortará la respiración sólo con mirarla; es
realmente hostil. Se eleva sobre Nepal y Tíbet como si no estuviese
anclada a la tierra, fina e inclinada. Hacia la mitad de la cresta se
encuentra el escalón Hillary, un tramo de escalada en roca la mitad del
cielo.
Sal a la arista atravesando un pequeño túnel, a medio abrir, que parte
de la cima Sur. Avanza con los crampones inclinados en un ángulo extraño
contra el flanco de la arista. A veces la nieve cede y te deslizas hacia
abajo por un segundo, suficiente para ponerte los pelos de punta. Desde
luego, no es un lugar en el que moverse sin cuerdas fijas, así que
asegúrate con cuidado, concéntrate en cada paso y no dejes de moverte.
Si hubiera mucha nieve, podrías encontrar la arista más ancha e incluso
cómoda. Cuando nosotros estuvimos allí estaba seca y afilada.
En nuestra opinión, el escalón Hillary no es, después de todo, tan malo.
Aunque resulta muy expuesto en algunos tramos, es rápido de escalar y
fácil de asegurar, dadas las circunstancias. El mayor peligro ahí es
quedar enganchado en las cuerdas; ten a mano una buena navaja y
comprueba bien que cada cuerda aguantará tu peso.
Después del Escalón, llegarás a un lugar cubierto de extrañas
formaciones en forma de olas blancas de nieve congelada que bajan de la
cumbre. Avanza hacia ellas. Normalmente este tramo no tiene cuerdas
fijas, aunque no es demasiado inclinado. No obstante, ten cuidado y usa
bien el piolet. Ahora no puedes ver la cumbre, avanzas por un filo
blanco que se pierde en el horizonte por lo que no puedes calcular
cuánto vas avanzando, y eso te hace sentir frustrado y cansado.
Entonces cambias a otro filo blanco pero esta vez... no continúa.
Termina en una cuesta abajo. Efectivamente, te estás asomando a la cara
norte del Everest. Amigo, has alcanzado la cima.
(Tiempo de ascensión: entre 8 y 16 horas)
El descenso
La mayoría de los accidentes ocurren durante el descenso. Asegúrate de
que tienes oxígeno suficiente para regresar. No te relajes ni por un
momento. El camino es muy traicionero hasta el Balcón, sobre todo la
arista cimera antes del muro de vuelta al campo IV, en el Collado Sur.
Incluso la pared después del Balcón puede resultar peligrosa si no está
equipada con cuerdas fijas. En esa zona encontrarás un par de cuerpos
escaladores fallecidos. En 1998, la última parte de la pared que lleva
al Campo IV no estaba equipada, provocando que ocho personas sufrieran
serias caídas. Por suerte, en aquella ocasión todos los escaladores
sobrevivieron. Nosotros nos encordamos para atravesar este tramo, ya que
no había cuerdas fijas. Además, si el tiempo empeora es muy posible que,
de haberlas, las cuerdas fijas queden enterradas o que no seas capaz de
encontrarlas. Procura memorizar su ubicación durante el ascenso y lleva
una brújula.
Una panza de hielo azul ofrece el último obstáculo de vuelta al campo
IV. En esa zona existen también algunas grietas que pueden ser
descubiertas por las franjas de nieve blanca que se pega a sus bordes.
Evítalas.
Al fin, llegarás dando tumbos a la llanura rocosa del Collado sur.
Usarás tus últimas fuerzas para llegar a tu tienda y dejarte caer dentro
de ella. Ahora, tras 30 horas de escalada agotadora, terror y dudas,
podrás caer en el que tal vez sea el sueño más profundo y más feliz de
tu vida.
Esa felicidad sólo será superada por la que sentirás cuando te
despiertes a la mañana siguiente; los rayos del sol te calientan
suavemente mientras vas tomando conciencia de una certeza maravillosa y
triunfante: que realmente, de verdad, lo has conseguido.
¡Has hecho cumbre en el Everest!
(Tiempo de descenso hasta el Collado sur: entre cuatro y ocho horas)
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