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Los
compañeros de escalada
Nos
han llamado héroes, aficionados, buscadores incansables de nuestra
propia muerte, superhombres....
Mientras tanto, a nosotros mismos nos cuesta explicar por ué hacemos lo
que hacemos y qué es exactamente lo que estamos buscando.
Lo cierto es que la repentina ausencia de las rutinas diarias, vernos
completamente alejados de los problemas cotidianos, pasar la mayor parte
del el tiempo imaginando la siguiente comida, es algo que te afecta de
alguna manera.
Junto a las transparentes vistas de la montañas azules y el cadencioso
sonido de tu respiración, profundos pensamientos, ahogados hasta
entonces en algún lugar de tu cerebro, de repente vuelven a ti acunados
por el monótono ritmo de la escalada. Y estos traen ideas de cambios,
porque te revelan que tal vez las costumbres adquiridas en tu vida
cotidiana son sólo producto de la rutina, pero en realidad no te llevan
a donde realmente tú querrías llegar.
Además,
en ese breve espacio de tiempo sentirás profundas emociones: miedo,
triunfo y frustración, las cuales te ayudarán a encontrar el empuje que
necesitas para reajustar tu brújula hacia el futuro que realmente
esperas, una vez vuelvas a casa.
Así, finalmente, después de haber permanecido tan expuesto y vulnerable
en un momento, se obtiene una nueva visión del mundo, de la humanidad,
de aquellos que amamos y de la eterna pregunta de nuestro propósito en
la vida. Ese es el enigma del Everest, reservado a aquellos que se tomen
suficiente tiempo en escuchar.
Los escaladores del Everest son parecidos y a la vez diferentes unos de
otros, como la multitud en una calle de Manhattan. El Everest es un
escaparate de personalidades de todo el mundo compartiendo un sueño,
mientras se enfrentan juntos a miedos y contratiempos.
No somos completamente buenos o completamente malos. Algunos de nosotros
nos pararemos y ayudaremos a alguien que lo necesite; otros simplemente
saldremos corriendo. Algunos puede que incluso tomemos una foto mientras
otros, silenciosamente, salvan la vida de alguien.
También, son diferentes nuestros motivos para escalar. Algunos esperan
dinero, fama y honor. Otros escalan simplemente para realizar un sueño,
o para estar tan cerca de la muerte que, de ese modo, tal vez encuentren
un sentido a su vida. Escalar el Everest es un reto que cambia la vida
de la mayoría de los que lo intentan. Por otra parte, la experiencia
aporta cosas diferentes a cada escalador, que ha acudido a la montaña
llevado por y todos estamos allí por nuestras propias razones.
Una complicación interesante es que no hay leyes en el Everest. Los
escaladores deben tomar decisiones que afectan a todos, en un grupo de
desconocidos bajo presión. Además, hay muchos medios de comunicación,
dinero y fama en juego, y hay un Campamento Base para ti...
No dudes de que habrá problemas. Va a ser genial: el miedo a morir, las
dificultades de la escalada, las frustraciones de ver como otros lo
consiguen y tú a veces fracasas, la preocupación de tus seres queridos
una vez vuelvas a casa, quizás la presión de los medios de comunicación
o patrocinadores, los enormes gastos, la falta de comida y sueño, la
salud que flaquea, el cuerpo y la mente debilitándose, el despiadado
frío y las tormentas... vaya, está claro que ese lugar va a hacer salir
tu verdadero yo.
En
casa, te encuentras arropado porque tienes una serie de necesidades
básicas bien cubiertas. Hay leyes, cuerpo de policía, tribunales y
hospitales que se encargan de todo para que tú no tengas que
preocuparte. Es fácil decir y PENSAR cómo reaccionarías de realmente te
necesitasen en una situación de vida o muerte. O cuando te vieses
obligado a decidir en un momento qué está bien y qué está mal.
En el Everest, tus valores serán puestos a prueba. Puedes caer en la
tentación de mentir por la fama, de dejar de lado a aquellos que
necesiten ayuda para conseguir tu propio éxito, de entrar en el juego de
mentir para ganar ventaja.
Y no dudes que serás tentado, porque en ese lugar sin leyes ni reglas,
es fácil salirse con la suya. La palabra de uno se enfrenta a la de
otro, los rumores vuelan, pero rara vez habrá
pruebas
o consecuencias. En medio de una circunstancia inusual, y sometido a
extrema presión – te sentirás terriblemente indefenso y completamente
expuesto a ser realmente tú mismo.
Hazlo lo mejor que puedas y, si no te gusta lo que descubres en ti,
aprovecha esta oportunidad para enfrentarte a ello y cambiar. Nadie es
perfecto. Recuerda a Mallory: no se trata de tener éxito o fracasar; se
trata de vivir o morir. Entiende que has venido al Everest para
conquistarte a ti mismo.
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